Antonio Sancho: «La noche del vacío».

Tentáculos y carlistas, vemos qué nos cuenta Antonio Sancho sobre esta misteriosa y curiosa mezcla.

1. La primera pregunta está clara: ¿por qué carlistas?

Me voy a poner insoportable porque he pensado mucho, quizás demasiado, al respecto, y he llegado a dos conclusiones. Primera: por puro fetichismo. Los carlistas tienen el aura añeja de los tapices, los pesados candelabros de plata y los altares barrocos, y esa estética me resulta muy atractiva. Segunda: porque vivimos en tiempos similares a los que vieron nacer el carlismo. Estamos entrando en una nueva etapa en el desarrollo del capitalismo (se nos viene encima la distopía digital globalizada), y frente a este cambio terrorífico se alzan voces que quieren volver al pasado, resucitar ideas políticas polvorientas: el estado nación encerrado en sus fronteras, el proteccionismo económico, la pureza racial, cultural o lingüística, etc. Igual que los carlistas se oponían al estado liberal basado en la propiedad privada y no en el señorío, las libertades burguesas y el parlamentarismo, Trump, Le Pen y los independentismos escocés, flamenco o catalán son, creo, realizaciones de un mismo deseo carlista por detener la globalización, volver a un marco mental más pequeño y manejable. Handía, la película vasca que ha sido galardonada en los Goya, trata un tema parecido, me parece. Y salen carlistas.

2. Tu bolsilibro se nota que bebe de Lovecraft. ¿De este autor, cuál es tu relato o libro favorito? ¿por qué?

Pues, extrañamente, mi relato favorito de Lovecraft no tiene que ver con entidades cósmicas ni los mitos de Cthulhu. Es más bien un relato de sabor gótico: El modelo de Pickman. Me encanta de ese relato el trasfondo de la ciudad de callejones laberínticos, los pozos en los cimientos de las casas que descienden por la escala de la evolución hasta cavernas habitadas por unos seres que son nuestro reverso,  el animal necrófago y repugnante que vive agazapado en nuestro sistema límbico. Para mí es uno de los relatos más conseguidos de Lovecraft, uno que verdaderamente me hiela la sangre.

3. La noche del vacío también puede considerarse una ucronía steampunk, ¿te dio miedo mezclarlo? (di a los lectores que todo tiene sentido 😄).

La verdad es que la cosa surgió de manera muy natural. Todo empezó con una imagen en mi cabeza: yo quería hacer que una servoarmadura de combate a vapor luchase contra un monstruo cósmico y tentacular. El resto de la historia creció  en torno a esa escena seminal. Cuando estuvo terminada tuve dudas, pensé «pero bueno, sería más efectiva la irrupción de un monstruo dimensional si apareciese en un universo como el del lector, más realista. Si meto una criatura fantástica en un mundo que ya de por sí es fantástico, ¿no estoy siendo redundante?». Pero no es así, porque la verdad es, como dice Moisés Garfias en el bolsilibro, que todo es real. Ese mundo steampunk es igual de real que el nuestro, pero en sus propios términos, así que un relato que describe su historia y sus paisajes puede considerarse literatura costumbrista. Problema solucionado.

4. ¿Si fueras un extraterrestre qué es lo primero que harías al llegar a la Tierra?

Me comería un delicioso gato.

 

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